Y apareciste vos... llenándome de sueños... ilusionándome con un amor... y creí... en cada palabra compartida... en cada sonrisa... y me enamore... me enamore de esa ilusión... y confié en que el amor podía corresponderme... cada noche me dormí pensándote, imaginándote, soñándote... y cada día despertaba de igual manera... y así de repente, como apareciste, empezaste a desvanecerte, a alejarte... y hoy ya no te tengo, ya no te siento... Entonces debí arrancarle a mi almanaque una semana de noviembre, para ver si asi dejabas de dolerme... para así entender que no ha existido esa ilusión, y creer que fue solo un sueño... mi sueño... un dulce y triste sueño de amor... Porque así debería doler menos, así no debería importarme si me extrañas como yo te extraño, así no debería preocuparme si me piensas como yo lo hago... y entonces guardo los te quiero, y los encierro en mi pecho... para no perderte...
Efímero el amor, que se siente sin tacto, que se huele sin sentidos y que se va sin despedidas...
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Como es que me siento alcanzada y reconocida en tus palabras, como sé de ese coincidir de angustia que provoca el desvelo de una noche de abandono y apartado sentir de caricias... comprendo plenamente esa falta de aire que limita las respiración y aprieta el pecho, de aquel paso que se ve dificultado por la falta de la compañía anhelada, de las palabras que al viento encerramos en la habitación y de la cual jamás se recibe respuesta.
ResponderEliminarBesos y lo mejor para ti.